Muffins sin gluten de plátano, manzana y chocolate

Dados los posts que se van acumulando al respecto (como ésteéste, éste o éste), tal vez debería hacer una sección del blog dedicada exclusivamente a las meriendas improvisadas en domingo por la tarde. Seguramente se deba a la necesidad de endulzar el momento amargo de la semana, para qué nos vamos a engañar. 

La improvisación siempre gira en torno a los ingredientes que tengo en la despensa, no sólo por el frío horroroso de estos últimos días, sino porque en mi barrio los domingos no hay ni una tienda abierta. 

Estos muffins de un domingo de invierno están inspirados en una receta de cupcakes de Aran de Cannelle et Vanille (de hecho las harinas de harina y quinoa me habían quedado de otra receta suya). Como dije aquí (en otro post sobre una merienda dominguera), yo en general intento no usar azúcar en mis postres, pero hice una excepción (era un domingo muyyy frío). El resultado fue dulce y feliz. 


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Muffins sin gluten de plátano, manzana y chocolate
Basado en Cannelle et Vanille  

  • 2 plátanos, machacados
  • 100 gramos compota de manzana
  • 3 huevos
  • 125 gramos aceite de oliva
  • 100 gramos harina de quinoa
  • 50 gramos harina de arroz
  • 50 gramos polvo de almendras
  • 1 cucharada esencia de vainilla
  • ½ cucharita sal
  • ½ cucharita bicarbonato de sodio
  • 125 grams azúcar moreno
  • 15 gramos cacao en polvo

En un bol mediano, batir los huevos, el puré de plátano, la compota de manzana, el azúcar, el aceite y la vainilla.
En un bol grande, mezclar la harina de quinoa, de arroz, polvo de almendra, sal y bicarbonato.
Juntar los ingredientes húmedos a los secos y combinar bien todo.
Dividir la mezcla entre los moldes para muffins.
Hornear a 175ºC unos 20 minutos.

Mis tiendas de comida online favoritas

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Hace un par de semanas una lectora me pidió un post con recomendaciones para comprar productos frescos y envasados online.

No es lo mismo comprar online que tener el producto frente a tus ojos y poder tocarlo (aunque aquí en España no se acostumbra tocar las verduras y frutas, costumbre cultural que uno termina adquiriendo, y con lo cual este verano en San Francisco me resultaba impudoroso ver a la gente tocado toda la mercancía en los famers' markets). Aún así, con la vida ajetreada de hoy en día, no hay nada más cómodo que comprar productos de calidad desde tu mesa de trabajo y recibirlos en casa al día siguiente.

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Aquí va una selección arbitraria tras años de experiencia; advierto que la lista no es ni pretende ser exhaustiva, sino tan sólo una compilación de las empresas que he ido probando personalmente:

Frescos:

Hort de la Carmeta: mi favorito, el que utilizo de base para la compra semanal. Llevado por Xavier Solé y familia, pagesos instalados en una masía en el Alt Penedes, es una empresa reciente. Antes se dedicaban a la viña y el olivo, y decidieron ampliar la empresa familiar para incorporar sus productos. Lo que más me gusta de l'Hort de la Carmeta es que ofrecen una lista semanal con los productos disponibles, y uno escoge qué quiere y qué cantidad; no hay cesta cerrada sino compra libre entre los productos de temporada. Y para la alegría de toda mi familia, Xavi y los suyos nos ofrecen no sólo frutas y verduras de temporada, sino también frutos secos (tostados a la perfección), conservas, aceite, vino, e incluso algunos productos caseros elaborados por él y su madre (Carmeta), como bizcochos, canelones (mis hijos son fans y los reclaman cada semana), croquetas o mermeladas. También practican la matanza del cerdo y su fuet es otro básico de nuestra despensa (Olivia lo come como si fuera un caramelo, muy a mi pesar. Al menos tengo la tranquilidad de que es todo ecológico.) L'Hort de la Carmeta es un ejemplo de cómo me gusta comprar; sus productores viven lo que hacen con entrega y convicción. Su página web fue recientemente inaugurada, pero sigo prefiriendo comprar con la hoja excel a la antigua. Mi mayor miedo con esta empresa es, como con toda empresa pequeña, el peligro que conlleva crecer en exceso y perder la calidad del producto y la atención. Antes era el mismo Xavi el que venía siempre a casa y descargaba (con guantes!) mi compra como joyas sobre mi mesada; ahora ya no le vemos mucho la cara, y tengo que lidiar con el repartidor que me deposita la caja en la puerta, con la queja de la prisa y la cantidad de cajas a repartir. Otra cosa a favor: el horario; son los únicos que conozco que me traen las verduras a las 7 de la mañana, evitando los problemas de que no haya nadie en casa para recibirlos. Xavi, por favor, no crezcas más de lo que puedes.

Horta de Capolat: pequeña explotación de 4 hectáreas en la zona del Berguedà. Sus fundadores se esfuerzan por recuperar variedades tradicionales locales, teniendo en cuenta que vienen de la montaña y sus productos son los que crecen bien en las alturas: patatas de montaña, judías tiernas amarillas, espelta, etc. Lo interesante es que ofrecen tanto la cesta cerrada como la posibilidad de comprar libremente de los productos disponibles. Además, forman parte de una asociación de productores del resto de Cataluña que les proveen productos que no crecen en su huerto, como por ejemplo los cítricos o mi amado aguacate (que viene de Gandía). Sus productos son realmente excelentes y me gusta complementar mi compra semanal con los suyos porque tienen algunos productos ecológicos no tan fáciles de encontrar, como el aguacate, las setas shitake, la colirave, o el nabo negro. Hace un par de semanas empezaron, también por no dar abasto a hacer todas las entregas ellos mismos, a cobrar 5€ por el envío. Comprensible, pero también es posible que esto los lleve a perder clientes a la competencia que no cobra el envío.

Apirave: Funciona de manera parecida a Horta de Capolat; hay cesta abierta y cesta cerrada. La diferencia es la zona: éstos vienen de Tarragona, y por lo tanto los productos que ofrecen son diferentes. Los conocí en alguna de las ferias urbanas que organiza Slow Food. Era veranito y recuerdo que sus cerezas me volvieron loca, y que tenían una variedad de calabacines blancos que me deleita cada año en Menorca pero casi no encuentro aquí en Barcelona. Todavía estaban organizándose para hacer entregas en Barcelona. Los esperé y seguí y compré varias veces. Sus productos son fantásticos pero la contra es que sólo vienen un miércoles de cada dos a Barcelona, demasiado poco para el ritmo de consumo de verduras de mi familia de cuatro. No tienen página web, todo funciona por email quincenal.

Ecodaquí: Hace tiempo que vengo recibiendo la información de la empresa que lleva Alex Guzmán, y tengo muchos amigos que le compran, pero hasta hace muy poquito no me había animado a comprarle. Como su nombre indica, la apuesta es por la producción local y de temporada. No es, como Xavi, una empresa familiar, sino que salen en busca de los productores locales catalanes para recopilarlos en cestas semanales. Dicen que no son cestas cerradas, pero cada cambio tiene una "penalización" de 0,50€. Desde que aparecieron en el mercado empresas de verduras eco que te dejan elegir libremente la cantidad y variedad de la compra, el tema de la cesta cerrada a mí me echa un poco para atrás. Admito que la calidad de la mayoría de las cosas resultó excelente (no así las hierbas aromáticas, que llegaron bastante mustias y tristonas). Eso sí, el repartidor, más maleducado que borde. Ecodaquí ofrece también la posibilidad de comprar pan de Barcelona Rejkjavik (el mejor de la ciudad, en mi opinión; pero este sí que no me hace falta que me lo traigan a casa, me es un placer visitar su tienda de la calle Doctor Dou cada vez que voy), aceite de oliva de Camins de Verdor (uno de los mejores que he probado últimamente), algunos productos de Cal Valls, y Kome-Miso, el primer miso ecológico local. 

Recapte: pioneros de la entrega de fruta y verdura ecológica a domicilio (tienen la certificación desde 1999), les compré durante tantos años que, admito, me cansé de recibir las mismas frutas y verduras en cada temporada año tras año, sobre todo porque en aquel entonces sólo tenían la opción de cesta cerrada. Cuando miré su página web para escribir este post vi que se han actualizado con los tiempos y ahora uno puede elegir el contenido de la cesta entre los productos disponibles. Están en Lleida pero entregan a toda España.

Joan castella: pequeña empresa familiar de la zona del Montsià, ofrecen cestas cerradas de dos tamaños.

Otras empresas que conozco pero aún no he probado:

Can Perol: de la zona del Baix Llobregat. Además de frutas y verduras ofrecen pan y pasteles hechos con harina ecológica de la pastelería Vila, algo de carne ecológica, y algunas conservas de su propia marca y de Cal Valls.

Doctor Veg: Sus productos están cultivados en la provincia de Girona pero entregan a diario en Barcelona. Estética moderna y servicios acordes con los tiempos: tienen un servicio de entrega de cajas especiales para empresas.

Frescos y envasados:

Estas son dos empresas que he utilizado en el pasado; ambas ofrecen tanto fruta y verdura ecológica como envasados y transformados. Me caen mejor los segundos:

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PD Recuerden que el taller de cocina con algas es el 9 de marzo! Quedan 4 plazas!

 

Nuevos talleres de cocina sana!

Aquí va la información sobre los próximos talleres de cocina sana de desayuno con guisantes, hay novedades:

Atención: un cambio en la fecha del taller de cocina con vegetales del mar (algas). La nueva fecha es viernes 9 de marzo por la tarde. Os paso la información en el flyer abajo. Para aquellso que queríais venir a aprender las maravillas que se pueden hacer con las verduras del mar, que tantos nutrientes nos aportan, pero no os venía bien el sábado de febrero, apuntaros la nueva fecha y, como siempre, reservad conmigo: camila@desayunoconguisantes.com

Por otro lado os cuento que empezando en marzo estaré ofreciendo talleres de cocina sana y energética en un nuevo espacio, la recientemente inaugurada tienda Llavors en el barrio del Eixample. Desireé y su marido Odön llevan esta acogedora y completa tienda de productos naturales, y cuentan con un cómodo espacio al fondo para dar talleres. Un sábado al mes, y con mucha ilusión, estaré enseñando temas diversos de la cocina sana y energética. Podéis apuntaros a sesiones sueltas o a todo el curso. También veréis detalles en el segundo flyer, e iré recordando las fechas a medida que se acerquen. Ahora no hay excusas: ¡a cocinar!

Algas

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Pesto de restos y An Everlasting Meal de Tamar Adler

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Este libro me ha inspirado. Sé que hace muy poco dediqué un post a mis libros favoritos de cocina recientes, pero no puedo dejar de escribir sobre An Everlasting Meal de Tamar Adler (además, qué le voy a hacer, me gustan mucho los libros de cocina).

Desde mi adorada M.F.K. Fisher (en cuyo maravilloso libro de economía doméstica de guerra How to Cook a Wolfde 1942, se inspira Adler) que no leía una prosa tan evocativa sobre el acto de cocinar y comer. (De hecho, si bien ambas comparten el amor por las letras y la comida, Adler se presenta ante todo como cocinera, mientras que Fisher es comensal hasta la médula. No son actos separados, según las concepciones de ambas, por supuesto.) 

A caballo entre el libro de recetas y el ensayo personal, An Everlasting Meal (cuya traducción más ajustada sería Una comida eterna, aunque a mí me gustaría más llamarlo Una comida perenne) nos habla, de manera simple y poética, sobre el placer de cocinar. Su discurso es diferente del montón porque no nos quiere engañar ofreciendo recetas rápidas para gente con prisa (no existen, por ejemplo, las "tortillas de último momento", dado que toda tortilla sucede en el último momento: el instante en que el huevo llega a la sartén.). Adler defiende que la cocina no es difícil sino placentera y, en su capacidad de transformación, un acto enteramente humano. Todos deberíamos practicarla, no como obligación sino como necesidad e incluso ayuda para sobreponerse a otros tantos obstáculos de la vida contemporánea. 

Sus consejos son tan prácticos que destacan por su sencillez; sirva como ejemplo: "en lugar de pensar qué hacer para la cena, pon una olla grande en la hornalla, enciende el fuego, y recién cuando se esté poniendo bien caliente empieza a pensar en qué cosas meter dentro". Otro, que me encanta: "lo más importante que puedes aprender como cocinero: la única manera de lograr que algo que estés preparando salga rico, sea agua o algo más sustancioso, es asegurar que, por el camino, todas sus partes estén ricas." La honestidad es casi un toque de atención, una alusión indirecta a los miles de libros de cocina con recetas rebuscadas, barrocas e irrebatibles que más que animar a cocinar, espantan y amedrentan a sus consumidores, nos rebajan a ser espectadores eternos, en lugar de hacedores de nuestras propias fortunas culinarias. 

Algunas de sus propuestas van completamente en contra de la sabiduría al uso hoy en día, como por ejemplo cuando rechaza la costumbre de pasar las verduras de cocción corta por agua fría para preservar su color: "La naturaleza no es persistentemente brillante; también se desgasta y envejece." Otro consejo resultón, que practiqué esta semana: preparar todas las verduras de la semana el mismo día que haces la compra, cuando el recuerdo de los puestos coloridos del mercado todavía están frescos en tu mente. Una vez hervidas o asadas todas las verduras, tendrás la base para improvisar platos diversos y sencillos a lo largo de toda la semana: una bandeja de verduras de raíz asadas será el prólogo para una ensalada de verduras con almendras, alcaparras y olivas; una crema calentita para cenar, o una versión más vegetal de hummus para poner en un bocadillo de pan bueno. "Si no puedes hacerlo de inmediato", propone Adler, "pon todo salvo las verduras de hoja en un gran bol sobre la mesa de la cocina y no en la nevera. A plena vista, tus verduras te reprenderán a que las cocines, y además te resultará agradablemente frívolo pasarte unos momentos arreglando un retablo de coliflor, remolacha y calabaza."

Las recetas de Adler no están escritas para infradotados; si quieres que alguien te cuente cuántas veces tendrás que revolver con la cuchara antes de sacar la sopa del fuego no busques respuestas aquí. Ella escribe para un lector humano, no necesariamente experimentado en la cocina, en absoluto, pero sí lo suficientemente sensible para darse cuenta de cuánto vinagre hay en "una cucharadita sin medir". 

Adler propone cocinar con economía y gracia; su estilo de escribir concuerda perfectamente con esta premisa. Los títulos de los capítulos del libro–con claras alusiones, también aquí, a How to Cook a Wolf–dan una clara idea de la poética de la autora: "Cómo atraparte la cola", "Cómo conseguir el equilibrio", "Cómo ser tierno", "Cómo hacer la paz", "Cómo sentirse poderoso", "Cómo pintar sin pinceles" y un largo etc. 

Otras recetas del libro que ya preparé y me entusiasmaron: apio cocido con limón y servido con pan rallado tostado y hierbas; salsa verde (preparada con las hojas del mismo apio), excelente para acompañar carnes, huevos, y...todo; gratinado de brócoli y coliflor asados. Recetas que marqué para probar: un curry con las verduras que sobran al final de la semana; un pollo con verduras, aceitunas y limón (para los niños); una sopa con cebollas caramelizadas. Es más, ya entreveo un taller futuro de desayuno con guisantes sobre cómo aprovechar de cabo a rabo las verduras. 

Ojalá aparezca una traducción al castellano para que todos ustedes puedan disfrutar de este maravilloso libro (de hecho me ofrecería encantada a traducirlo). Mientras, les adelanto mi versión de algunos de mis pasajes favoritos: 

Sobre las ensaladas de verduras cocidas: "Toda verdura cocida, sea hervida o asada, se convierte en una ensalada maravillosa. No hace falta más que un puñado de frutos secos tostados, unas hierbas frescas picadas, unas cebollas marinadas en vinagre, y una buena vinagreta. En realidad esto es lo que la mayoría de la comida precisa. La combinación tal vez sea el único tónico de juventud fiable del universo."

Sobre el caldo de cocción: "El amoroso, aceitoso líquido que queda después de hervir una verdura es un concentrado perfecto de todo lo que entró en esa cocción. Debería tratarse como una poción que ha recogido las huellas de la buena mantequilla y aceite de oliva, los dientes de ajo, la ralladura de limón, las ramas de tomillo, los chorritos de vino, los crujidos de pimienta y las verduras que la crearon." 

Sobre la reutilización de ingredientes que sobran: "Cuando dejamos que nuestras colas cuelguen detrás perdemos lo que quedó de los pensamientos que dedicamos a comer bien hoy. Luego seguimos arrastrándonos, como las criaturas rectas y lineales que podemos ser, preguntándonos qué haremos para cenar mañana. Deberíamos divisar nuestras colas, y recogerlas, para que la próxima vez que tengamos hambre, y nuestras mentes se vuelvan sobre la cuestión de qué comer, la respuesta estará allí esperando."

Sobre el pan: "Si vas a elegir una comida no casera, elegir el pan representa una divisón del trabajo juiciosa. Los panaderos son personas devotas y singulares, con creencias firmes en las vidas secretas de la masa madre que les ocupa. Sus hornos están calientes, y distinguen cuándo el pan está casi listo, y luego listo."

Sobre el valor nutricional de la comida: "No me gusta pensar en la comida como hidratos de carbono y grasas porque nos da un retrato incompleto de cómo digerimos. La risa estomacal tiene que quemar calorías, y una buena conversación ayuda a acelerar lo que tiene que acelerarse."

Sobre la simplicidad: "Nuestras mejores comidas no han sido las más extranjeras ni caras ni elaboradas, sino bastante simple y bastante familiar. Y saber eso probablemente sea la mejor manera de cocinar, y ciertamente la mejor manera de vivir."

La receta que os ofrezco fue la primera del libro que preparé. La traducción de su título al castellano me parece, modestamente, bastante feliz (ella lo llama "garlicky leaf, stem, and core pesto", o pesto de hojas, tallos y corazones con ajo). La cantidad indicada es suficiente para improvisar montones de variaciones; nosotros lo tomamos de las siguientes maneras: en tostadas; como salsa para mojar hojas de alcachofa; como salsa para pasta, rebajado con un poco de agua de cocción de la pasta y hecho puré con un par de anchoas y un poco de parmesano; como puré para acompañar un plato de pescado; y también, confieso, con cuchara, directo de la nevera. 

 

Pesto de restos
adaptado de T. Adler, An Everlasting Meal
Ingredientes: 
4-5 tazas de hojas, tallos y corazones de coliflor, brócoli, acelgas, coles, cortados en trozos de unos 2 cm. 
3 dientes ajo
1/2 taza aceite de oliva extra virgen bueno
1/2 cucharita sal
agua

Juntar los ingredientes en una olla grande en la que apenas quepa todo y añadir agua hasta la mitad. Llevar a ebullición y reducir el fuego al mínimo. Cocer hasta que cualquier trozo que toques con una cuchara de madera se deshaga con facilidad. Mantener justo la cantidad de agua suficiente para asegurar que no se queme el fondo, añadiendo de a poco a medida que necesites. Cuando todo esté blando, hacer puré rápidamente con minipimer o en una procesadora, o simplemente machaca todo con el revés de la cuchara de madera hasta que te canses, dejando momentos de textura apetecible, irregular.