Crema de lentejas

De repente parecía que el mundo conspiraba en contra de que las legumbres fueran moneda de cambio en casa: I. es alérgico a todas ellas desde pequeño, pero siempre las había cocinado en casa para los niños y para mí. Pero hace un par de semanas, tras un par de sospechosos eventos, le hicimos la prueba a B. y se confirmó: es, como su padre, alérgico a las lentejas. En vez de renunciar por completo a ellas, prefiero hacer menús adaptados y personalizados en casa. Para alguien que no come carne, las legumbres son necesarias, y correctamente combinadas con cereal integral aportan una proteína completa. Así que ya no lo veo como una pérdida: tantas más lentejas para mí (y O.). 

Esta receta la hice un día que -como me viene pasando a menudo últimamente- necesitaba calor y confort. Me dio para cantidad suficiente para comerla tres días seguidos (muy conveniente tenerla en la nevera y sólo recalentarla con arroz integral a la hora de comer) e incluso congelar otra buena ración (algo que no hago casi nunca, ya que prefiero todo fresco). 

Se podría preparar como un potaje, dejando los trozos de verduras y las lentejas enteras, o pasar un poquito, para que quede espeso con tropezones, o hacer una crema o puré. Yo opté por lo segundo; me gusta que tenga consistencia pero -con lo sensible que está mi sistema digestivo este otoño- noto que se digiere mejor hecho puré. 

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Crema de lentejas
Ingredientes:
1 taza lentejas verdes o marrones
1 nabo
1 colirave
3 zanahorias
1 puerro
2 cucharadas mugi miso
2 hojas laurel
1 trozo 5 cm. alga kombu
gomasio y aceite de oliva extra virgen, para servir 

Enjuagar las lentejas bajo el grifo. Lavar, pelar y picar todas las verduras y ponerlas en una cacerola grande. Añadir las lentejas, el laurel el alga kombu (previamente remojada durante unos 15 minutos, si no es kombu real) y agua que cubra todo. Llevar a ebullición. Cuando hierva, bajar el fuego al mínimo y tapar. Dejar cocer durante 30 minutos.
Poner el miso en un bol pequeño y con un cucharón sacar un poco de caldo y echarlo sobre el miso, mezclando bien para disolver. Echar la mezcla a la sopa y remover bien. Probar el punto de sal (si hace falta más, añadir y dejar cocer un par de minutos más.) Apagar el fuego.
Procesar a gusto: puedes dejarlo así, como un potaje, o procesar un poco pero dejándola grumosa, o procesar bien bien hasta dejar muy cremosa y uniforme, añadiendo un poco de agua si hiciera falta. (Yo opté por lo segundo.)
Servir con unas cucharadas de arroz integral en boles individuales, con un poco de gomasio y un chorrito de aceite de oliva extra virgen por encima. 

Algunos libros de cocina favoritos de 2011

Aquí van algunas ideas para regalos de Navidad de último momento o, con un poco más de tiempo, para Reyes. (De hecho me consta que más de un lector del blog ya tiene alguno de estos libros en su carta a papá Noel/RRMM.)

Como el año pasado, os ofrezco una selección muy personal de los libros de cocina que más he disfrutado a lo largo del año. Algunos fueron publicados este año; otros son tal vez anteriores pero se reeditaron en 2011; también incluyo alguno que fue nuevo para mí, aunque su publicación sea anterior a 2011.

1. Super Natural Every Day de Heidi Swanson

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Ya sabéis que el blog de Heidi está entre mis favoritos; sus recetas suelen llevar ingredientes -integrales, naturales, frescos- que acostumbro tener en mi despensa, y además funcionan casi siempre. Su primer libro es tal vez el libro de cocina del que más recetas sigo haciendo, y por lo tanto el segundo tenía una alta expectativa que satisfacer. No defrauda para nada; al contrario, desde que lo tengo vuelvo una y otra vez a algunas de sus recetas. Recuerdo que cuando lo abrí el primer pensamiento que tuve fue "éste es el libro que yo quería hacer". Está organizado por comidas, y el capítulo del desayuno es mi favorito. La receta más repetida en mi cocina: la avena al horno, de la que hablé aquí, y que ahora suelo preparar el botes individuales, así, para llevar conmigo. Es un desayuno nutritivo y sano, pero a la vez da sensación de indulgencia. Así son las recetas de Heidi. 

2. Tender de Nigel Slater

Tender

Este es el primer volúmen de un conjunto de dos mega-libros del popular escritor británico. Aquí Nigel (la gente lo llama así, por su primer nombre, y su prosa es tan cercana que es casi como si lo conociéramos de toda la vida) se ocupa de las verduras; el segundo versa sobre la fruta (de hecho éste no lo he comprado todavía (si bien ya no me trato con él, me está costando superar el dictum del Dr. Pérez Calvo de evitar la fruta). Slater no es vegetariano pero dice sentirse mucho mejor con una dieta principalmente basada en plantas. El libro está organizado por orden alfabético, cada capítulo corresponde a una verdura, desde espárragos hasta nabos, pasando por brócoli, habas o cebollas, todas las cuales crecen en el huerto urbano de su casa londinense. Cuesta creerlo, sí, conociendo el clima de esa ciudad, pero con dedicación y convencimiento Slater lo ha conseguido todo. Cada capítulo dedica por tanto una parte a dar consejos sobre el comportamiento de cada verdura tanto en el huerto como en la cocina. Nigel también recomienda mezclas de sabores para cada verdura. Para quienes no tenemos la suerte de tener un jardín con huerto en nuestras casas, el libro no pierde ni un poquito de interés; las recetas son elegantes pero sencillas. La frittata de habas y los calabacines rellenos de cuscús y frutos secos (estos) son ejemplos de platos contundentes y nutritivos. También las hay más decadentes, como los "scons de calabaza para una tarde de invierno" o, para carnívoros, el estofado de ternera, cerveza y cebolla o el risotto de puerro y panceta. Más de 600 páginas con fotos maravillosas y recetas para todos los gustos, estoy segura de que este libro se convertirá en un clásico, un must.

3. Saraban de Greg y Lucy Malouf

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Este libro, del que ya hablé un poco aquí, pertenece al género cada vez más popular de los libros de cocina/libros de viaje. Este en particular merece un sitio en la mesa de café (si eres de los que tienen mesa de café con libros; yo no) por sus maravillosas fotos, que por sí solas ya justifican el libro. Pero mi interés personal va más allá: creo que la cocina de medio-oriente es LA cocina (junto con la japonesa, claro), y esta pareja de viajeros elige muy bien los sitios (ya colaboraron en otros libros de cocina de la zona). Los arroces persas, con su capa crocante llamada tadeeg, inagotables.

4. For the Love of Food de Denis Cotter

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Cotter es el chef de Café Paradiso, un restaurant vegetariano muy especial en Cork, Irlanda, al que tengo pendiente una visita. Conocí los libros de Cotter a través de mi amiga Jean (también irlandesa). Ella me prestó durante un tiempo wild garlic, gooseberries...and me, y lo tuve durante un tiempo sin poder hacer otra cosa que mirar las recetas e intentar evitar babosear el libro de mi amiga. Las recetas de Cotter suelen ser bastante elaboradas; no es cocina vegetariana simple sino con mucho cuerpo, sabor y consistencia. De aquel libro, su receta de cuscús con acelgas, piñones y aceite de limón es la que más veces he preparado, y su explosión de sabores puede convencer hasta al más resistente al verde. En este último libro Cotter dice que no hay un tema unificador más allá del amor y la comida: "El amor por el acto de cocinar en sí mismo, algo de lo que los medios nos disuaden con sus idesa sobre cómo hacer la cena en cinco, 10 o 20 minutos... Cuando cocinas para alguien le estás diciendo toma, come esto, ojalá te encante. Cuando compartes comida, estás compartiendo el placer del gusto y del hambre satisfecho." La prosa de Cotter es así de evocativa, incluso en las recetas. Tengo muchísimas marcadas, aunque me he animado con pocas todavía. En breve quiero probar las dolmadas de acelgas con quinoa y zanahora con salsa de anacardos. 

5. Hungry? de innocent

Innocent

Descubrí este libro en la maravillosa librería Omnivore Books. Pero cuando vi el precio me asusté; como era una importación inglesa, apunté el dato y cuando volví a Europa lo encargué a amazon.co.uk. Publicado por una pequeña empresa británica que produce batidos de frutas, potitos y otras bebidas infantiles, Hungry? es un recetario familiar con un diseño muy atractivo. Sus recetas simples pero creativas están ideadas para que toda la familia pueda participar en el proceso de preparar la comida. Además, los autores se esfuerzan por destacar en cada receta qué partes pueden hacer los niños. Incorporando la noción del juego en la preparación de la comida, el libro es lúdico de principio a fin; también ofrecen juegos para entretenerse durante los tiempos muertos, mientras la comida está en el horno o marinando. Pensado para la familia moderna, ocupada, también proveen información sobre cuánto tardas en hacer cada receta, para que puedas elegir acordemente al tiempo del que dispones (también hay recetas más slow, para fines de semana o ratos de ocio). Visualmente no podría ser más atractivo. Yo lo uso más para talleres que en mi cocina del día a día, para la cual ya tengo incorporadas muchas de las nociones que el libro plantea. O sea que es un libro ideal para principiantes en la cocina, familias que quieren empezar a disfrutar más del acto de cocinar juntos, gente que está buscando ideas nuevas pero muy simples para preparar los ingredientes de siempre, o amantes del diseño de los libros de cocina. En el capítulo dedicado a las verduras, repasa una por una las verduras más comunes y ofrece 4 o 5 muy sencillas y rápidas maneras de prepararlas, para no caer en el hervido aburrido. Un ejemplo: zanahorias: ensalada de zanahorias y semillas, zanahorias al horno con naranja, tortitas fritas de zanahoria, zanahorias picantes.

5. Eat Good Food de Sam Mogannam

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Este verano en San Francisco conocí Bi-Rite Market, un mercadito en pleno corazón del Mission, el barrio más in. Regenteado por la familia Mogannam desde los años 60 (cuando el barrio era seguramente muy diferente), Bi-Rite es pequeño pero consigue almacenar una selección de productos de la mejor calidad, tanto locales como importados del resto del mundo (el énfasis está puesto más en la calidad del ingrediente que en la huella de carbón). No sólo es un libro de recetas, sino también una guía para saber comprar, con consejos para elegir, conservar y cocinar con ingredientes básicos como legumbres, carnes, conervas, especies, lácteos y harinas. Eat Good Food es un libro representativo de las tendencias actuales en el mundo gastronómico, que dan prioridad a la calidad y sostenibilidad, y lo que más me gusta es que todo está organizado bajo el lema de crear comunidad a través de la comida. 

Arroz estilo chino hecho en casa

En casa tenemos la costumbre de que quien cumple años es rey o reina en su día y puede, dentro de los límites de lo posible, elegirlo todo. Especialmente lo gastronómico. Para mi grata sorpresa, para celebrar sus 7 años, Bruno eligió comer en casa. El menú que solicitó fue el siguiente: arroz tipo chino, patas de pollo al horno y, de postre, no un bizcocho de cumpleaños infantil tradicional, sino una tarta crumble de manzana (sí, otra vez; pero no es esta receta sino una que vendrá en un par de semanas). 

Los que no comemos carne hicimos del arroz nuestro plato principal, y aseguro que era suficientmente suculento para serlo. 

Eso sí, si acostumbras comer arroz tres delicias en los restaurants chinos, hacerlo en casa te permitirá comprobar cuán salado y aceitoso lo suelen preparar. Para compensar ese exceso de grasa que el paladar reconocerá (porque estamos diseñados para que el aceite nos parezca rico) hay que darle sabor como se pueda en casa (sin pasarse con la salsa de soja, que es alta en sodio). Algunas ideas: utilizar caldo para cocer el arroz, jugar con hierbas aromáticas, ir incorpornado las verduras con amor, de a poco, para que tomen sabor. Yo esta vez incluso añadí unas hebras de azafrán, para darle un toque de perfume y color local. 

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Arroz estilo chino hecho en casa
Ingredientes: 

1.5 tazas arroz integral 
250 gramos gambas
2 zanahorias, picadas en daditos muy pequeñitos
1/2 puerro (parte verde), picado muy pequeño
1 huevo
1 cucharada salsa de soja
aceite de sésamo crudo
unas gotas de aceite de sésamo tostado
cebollino fresco picado

Cocer el arroz integral en 3 tazas agua con una pizca sal durante 50 minutos. Dejar reposar.
Hervir las gambas.
Mientras se enfrían, picar las zanahorias y el puerro. 
Pelar las gambas y reservar (puedes guardar las carcazas para hacer esta sopa deliciosa).
Hacer una tortilla bien fina con el huevo. Cortar en cuadraditos. 
Calentar un poco de aceite de sésamo (crudo, no tostado) en el wok. Añadir las zanahorias y puerro picado y 1 pizca sal. Ir revolviendo hasta que estén un poco dorados.  Añadir la salsa de soja y un poco más de aceite. Añadir el arroz, las gambas y el huevo y saltear unos momentos para que se unan los sabores. Apagar el fuego y añadir unas gotas de aceite de sésamo tostado. 
Servir con cebollino picado por encima. 

Qué es la granola

Llevo unos meses con el tema de la granola y estoy muy contenta porque he recibido muchos pedidos de otros sitios de España, de lectores del blog. Me encanta preparar cada caja para enviar por correo a un destinatario a quien no conozco (también me gusta pasarla en mano a comensales conocidos y amigos, claro), con la incógnita de cuándo llegará, cómo la comerá, qué me contará. 

Pero cuando empecé con esto no me imaginé que tanta gente desconocía la granola, o al menos no la conocía por este nombre. El otro día mi gran amiga Magda, a quien conozco desde hace mil años, me confesó que no tenía idea qué era eso de la granola. Los supuestos culturales son complejos; a veces damos por sentado cosas que no tienen por qué ser así. 

Por eso me pareció buena idea escribir un post para explicar a quienes todavía no se animan a decirme qué es esta comidita tan rica que se llama granola. 

La granola es una mezcla de cereales, frutos secos, fruta seca y especies. Existen infinitas variantes y combinaciones; yo probé muchísimas hasta dar con la que hago ahora. Es muy divertido jugar con todas ellas y no hacerla nunca dos veces idéntica. La base suele ser copos de avena, y a ellos se añaden todos los ingredientes adicionales que uno quiera y que la imaginación y el buen gusto te permita. Popular como desayuno en América, también se utiliza mucho como cobertura en postres o como merienda en barritas (cómodas para llevar), como éstas

La versión que os voy a ofrecer aquí no es, en absoluto, la que vendo aquí (no estoy preparada para develar la receta secreta todavía!), sino una versión que preparé especialmente para mis hijos. Llevo tiempo luchando con ellos para erradicar los cereales en caja comprados, que por más ecológicos y sanos que se publiciten, siempre llevan azúcar en el mejor de los casos, cuando no montones de conservantes y añadidos químicos. Intenté recrear los favoritos de B. y O. que son éstos (bastante "naturales" dentro de lo que cabe, pero aún así, industriales y con algún añadido desagradable además del azúcar). Utilicé una base parecida pero endulcé con zumo de manzana (mi favorito, el ecológico de Cal Valls), a sugerencia de la receta de granola del libro de recetas de Rose Bakery de París. 

B. y O. apreciaron mi esfuerzo, pero cuando un paladar está acostumbrado al azúcar resulta muy difícil convencerlo de lo contrario, pero en casa seguiré en la lucha hasta conseguirlo. Al menos lo comieron. Espero que la próxima tanda tenga más éxito con ellos. (Aclaro que la granola de desayuno con guisantes es algo más dulce; está endulzada con otros endulzantes naturales. Con mis hijos soy más exigente.).

Ah, para quienes se lo estaban preguntando: la diferencia entre la granola y el muesli (palabra que sí se escucha más por estos pagos) es que el muesli es crudo, mientras que la granola está horneada, con lo cual es más fácil de digerir. Además tiene la ventaja de que puedes preparar gran cantidad, ya que se conserva muy bien en un bote de cristal en la nevera. 

Os recuerdo que tengo sigo con la promoción de comprar 6 bolsitas al precio de 5. Escribir aquí para más información. 

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Granola con chocolate
Ingredientes:  
4 tazas copos de avena
1 taza almendras crudas picadas
1/4 taza semillas de sésamo crudas
4-5 cucharadas aceite de oliva
1/2 taza zumo de manzana natural sin azúcar
1 cucharita canela en polvo
1 cucharita vainilla en polvo 
1/2 taza chips de coco, opcional 
80 gramos chocolate negro 

Precalentar el horno a 110ºC. Mezclar todos los ingredientes excepto el chocolate, 1 cucharada aceite (y el coco, si lo utilizas) en un bol grande, asegurándose de que quede todo bien impregnado de líquido. Repartir uniformemente en una bandeja de horno. Colocar la bandeja en el tercio superior del horno. Horear unos 30 minutos, mezclando con la espátula cada tanto para asegurarse de que no se queme. Añadir los chips de coco y el aceite restante en los últimos 2 minutos. Cuando esté bien doradito, quitar del horno. Dejar enfriar un poco antes de añadir el chocolate bien picado. Una vez que se haya enfriado, guardar en un bote de cristal en la nevera. 

Servir con tu leche favorita–fría o templada, o con yogur, en compota de postre, o así sola como merienda.