Pastel de zanahoria con cobertura de albaricoque

En este post os enseñé una foto de un bellísimo pastel de zanahoria preparado por mi amiga Emma este verano en San Francisco. Lamento decepcionaros, esta entrada no es para ofrecerles la receta de esta versión del pastel. Era riquísimo, sin duda, pero también una receta tradicional, con mucha azúcar, y probablemente mantequilla. 

La versión que probé el otro día para el cumpleaños de mi suegra viene de un libro que compré hace poco y tengo ya montones de recetas marcadas para hacer: Feeding the Whole Family de Cynthia Lair. Son recetas sencillas y sanas, y en cada una propone variantes para bebés que empiezan a incorporar sólidos. Es un libro que utilizaré mucho con mis embarazadas y nuevas mamás. 

Este pastel me atrajo porque no contiene ni azúcar ni levadura. No sale un bizcocho demasiado alto, y sin embargo la consistencia es sorprendentemente esponjosa. Si quisieras un pastel más alto–por ejemplo para hacer un pastel de cumpleaños–podrías duplicar la receta y hacer dos capas, con la misma cobertura de albaricoque en medio (tal vez lo intente para mi propio cumpleaños la semana que viene). También se podría decorar con un poco de coco rallado por encima o, si quieres una versión más decadente, con chocolate rallado esparcido encima de la cobertura antes de que termine de cuajar. 

Como no es excesivamente dulce (sobre todo si suprimes la cobertura), se puede tomar como desayuno o merienda. 

Un apunte sobre ingredientes: el kuzu es una raíz japonesa, ingrediente muy utilizado en macrobiótica, que funciona como espesante y además tiene muchísimas propiedades medicinales. Si no tienes o no consigues kuzu, o prefieres no experimentar (pero la cocina también es para ello!) puedes utilizar maicena, que tiene el mismo efecto espesante pero sin las enormes propiedades del kuzu, que os recomiendo. Si necesitas aún más dulzor, también puedes buscar la cobertura tradicional de crema de queso. 

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Pastel de zanahoria con cobertura de albaricoque
Basado en Feeding the Whole Family de C. Lair
Ingredientes:
1 1/4 tazas harina integral
1 cucharita bicarbonato de sodio
1 cucharita sal marina
1 cucharita canela en polvo
1/4 cucharita clavo molido
1/2 taza aceite de coco (o mantequilla o aceite de oliva)
1/2 taza miel o melaza
2 huevos
1 taza zanahoria rallada
1 cucharada ralladura de limón
1/3 taza nueces gruesamente picadas
1/3 taza pasas de uva o grosellas (opcional, yo lo omití)

Cobertura de albaricoque:
1 cucharada kuzu
1/2 taza zumo o néctar de albaricoque
1 cucharada zumo de limón
1 cucharada miel o sirope de agave

Precalentar el horno a 175ºC. Aceitar ligeramente una fuente para horno de 22cm. Mezcla en un bol grande la harina, bicarbonato, sal y especias. Dejar a un lado.
Derretir la miel y el aceite de coco a fuego bajo. Dejar entibiar y añadir los huevos y batir. Añadir los ingredientes líquidos a los secos y mezclar bien.
Incorporar la zanahoria, nueces, y ralladura. 
Verter la masa en el molde. Hornear 20-25 minutos o hasta que un cuchillo insertado en el centro salga limpio. Dejar entibiar.
Para hacer la cobertura: disolver el kuzu en el zumo en un cazo pequeño (asegurate de que no queden grumos). Calentar a fuego medio, revolviendo sin parar durante unos minutos, hasta que se vuelva espeso y transparente. Quitar el fuego, añadir el limón y la miel o agave, mezclar bien. Esparcir sobre el pastel con una espátula. 

Mi Barcelona, primera parte

Os he hablado en posts anteriores de sitios que me han gustado en ciudades lejanas como San Francisco, Nueva York, París y Londres (esto último en mi antiguo blog). Pero si bien cada tanto hago mención a sitios barceloneses, hasta ahora no los había reunido en una lista. Gracias a la sugerencia de un querido lector, este post está dedicado a los sitios que más me gustan de la ciudad en la que vivo desde hace, en estos días precisamente, 13 años (!). Espero que este post pueda servir tanto a los locales (y perdonen si no hay novedades) como a la gente de fuera, e incluso que pueda seducir a alguien a visitar Barcelona tentado por sus atractivos gastronómicos.


1. Caj Chai. En este post ya hablé de mi amada tetería, y en los meses desde que lo escribí, mi amor (y mis visitas) por Caj Chai sólo ha crecido. Es mi lugar favorito de Barcelona para pasar el rato leyendo, trabajando, estando. La sabiduría de Antonio es inmensa; da gusto ver alguien con tanto amor y dedicación por lo que hace. Gracias a ello Antonio ha conseguido crear un lugar muy especial, donde tanto turistas como locales encuentran lo que buscan. Siempre me ha gustado poder entrar a un sitio y ser habitué, poder pedir "lo de siempre" y que sepan exactamente qué es. Lo maravilloso de Caj Chai es que ese "lo de siempre" varía de un día a otro, pero siempre saben identificarlo y satisfacer mis antojos (un día quiero algo sin teína y me deleito con la infusión ayurvédica para la mujer, otro día quiero un té verde vegetal y me pongo eléctrica con un Gyokuro, otro día sin decir nada Antonio me sirve un Oolong nuevo porque sabe que se parece a uno que me gustó mucho en aquella degustación de hace tiempo. Esto es servicio al cliente, sí señor.)Si bien la lista que os ofrezco aquí no va por orden de importancia, no me cabe duda que Caj Chai tiene que encabezarla. (Es más, no os sorprendáis si dentro de poquito os anuncio una colaboración entre Caj Chai y desayuno con guisantes!).

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2. Wakasa. Por si no lo sabíais, la comida japonesa es mi favorita. Sin lugar a dudas. Me gustaría que mi próximo viaje lejos fuera a Japón. No puede ser que una cultura que hace esta comida no me apasione. Dudé si poner esta entrada en la lista, ya que Wakasa es uno de esos sitios secretos que prefieres guardarte. Demasiadas veces hemos visto sitios pequeños, de calidad, que abren, funcionan bien y luego mueren de éxito. Espero que esto no ocurra con la tasca Wakasa (eso sí, cada vez es más difícil conseguir mesa, incluso con reserva-si no, ni pensarlo. cuando cenas en Wakasa te cansas de ver cómo echan a los curiosos que entran sin reserva previa). Regenteado por los dueños, una pareja japonesa casi en la tercera edad (él cocina, ella atiende las mesas, que son francamente muy poquitas), Wakasa ofrece comida japonesa auténtica. El servicio no es uno de sus fuertes (a menos que seas un habitué), pero la comida vale la pena. 


3. Bar Seco Mucho antes de saber que Chiara era la dueña del Seco y bastante antes de hacerme amiga de ella, empecé a frecuentar esta pequeña joyita de Poble Sec. Cuando me enteré, todo encajó. Conocí el Seco porque cada semestre llevo a mis estudiantes de Literatura de la Guerra Civil Española al refugio antiaéreo de Poble Sec, que está al ladito. Siempre hago la visita con ellos, y fue Leyla, la guía del refugio, quien me dijo que me tomara algo allí un día. Poco a poco entendí que ese era, también, un sitio mío. Chiara trabaja para, y cree fervientemente en, Slow Food. El Seco ofrece pocos platos pero de máxima calidad (milagrosamente: hace poco di un taller de cocina en el Seco y quedé impresionada de que consigan cocinar así de bien en un espacio tan diminuto). Hay mucho vegetariano pero no exclusivamente (y toda la carne es ecológica, como tiene que ser). Excelentes vermouths. Y muy buena onda en general. Si tienes la suerte de conseguir mesa en la terraza, puedes ver las horas pasar sin que te apuren. Juanjo es un encanto y si llamas antes te reserva mesa y todo. 

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4. Nakashita. Excelente comida japonesa (mi favorita, ya lo sabéis) en el barrio. El sitio que estaba esperando. Mi item fijo del menú: el vieira maki: atún, aguacate y vieira flambeada. I. muere por el soft shell crab, un cangrejo entero tempurizado y rodeado de sabores ricos. 


5. Barcelona Reykjavik, No es un sitio para comer ni para ir a tomar algo pero es uno de mis sitios culinarios favoritos de la ciudad. Pan de verdad, para quienes quieren saborear lo mejor, y también cuidar la calidad de lo que metemos en el cuerpo. Caro, pero lo vale. Desde que vendí mi panificadora (algunos aspectos no me terminaban de convencer, como por ejemplo que fuera de teflón), cruzo la ciudad para comprar el pan. (Aunque desde que abrieron un local en la calle Princesa, tampoco hace falta.) Mis favoritos: el pan de espelta y semillas, y las empanadillas de verduras y algas. Para cuando se me antoja dulce (no muy a menudo): las magdalenas de zanahoria y plátano con semillas de amapola.

6. Agua Un clásico, pero no por ello menos meritorio. Con su cocina mediterránea tradicional con algunos toques de fusión, Agua es un claro representante del grupo Tragaluz, y si bien soy anti-cadenas, nunca he comido mal en el Agua. Su terraza sobre la playa es un sitio privilegiado para brindar por proyectos futuros los domingos al mediodía en familia. Lo hemos hecho muchas veces. 


7. Organic. Cocina vegetariana correcta, pero lo que más me gusta es su local de la calle Junta de Commerç por un motivo fundamental: es muy fácil ir con niños. El local es enorme y no les importa que los niños correteen por ahí. Además es tal vez el único sitio que conozco en Barcelona donde se puede ir a comer a las 12 del mediodía. Horario niño, mi horario favorito. El menú de mediodía lo encuentro excesivo en cantidad, así que en general lo que hago es comer del buffet de ensaladas y sopa, y llevarme el segundo a casa para la cena. Tienen una salsa deliciosa en el buffet de ensaladas, y a Bruno le encantan los huevos duros y las patatas hervidas con piel. 

Continuará...

Calabacines rellenos de Menorca

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Sé que hace no tanto tiempo les ofrecí esta receta de
calabacines rellenos
. Pero tengo un par de excusas, o mejor,
justificaciones. En primer lugar, el calabacín es una de mis verduras
favoritas (cosa no difícil de comprobar dada la cantidad de recetas con calabacines que hay en este blog). Muy a diferencia de tanta gente que cree que no sabe a
nada, que es pura agua, a mí me parece versátil, sutil y elegante. Y
si no me creen, miren estas recetas que colgó mi admirado Yotam Ottolenghi
en su columna hace poquito (más o menos el mismo día que yo hacía esta
receta menorquina).


Segundo: esta receta está hecha no con los típicos calabacines verde
oscuro que uno suele encontrar por estos lares, sino con los claritos,
casi blancos, típicos de la isla. En Barcelona son bastante difíciles
de conseguir (si alguien sabe dónde, por favor que me lo diga). Son
bastante más tiernos que los verdes oscuros, cosa que permite comerlos
enteros con mayor agrado, y creo que algo más sabrosos. Pero no os
preocupéis; si sólo encontráis los de siempre, saldrán deliciosos
también.

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Gracias a la enorme generosidad de nuestro amigo Lau, al regresar de
San Francisco pasamos una semana en Menorca poniéndonos al día
con el sol y la vitamina D que nos faltó en la ciudad de la niebla. La
semanita anual en casa de Lau en Ciutadella de Menorca es desde hace
cinco años un oasis en el que pasamos unos días muy en familia,
reponemos energías, no hacemos mucho y comemos muy bien. Como
criaturas de la costumbre que somos, básicamente repetimos la misma
rutina durante los siete días: desayuno en el Bar Imperi (donde B. e
I. pueden jugar al ajedrez y yo me deleito con las mejores tostadas
integrales con tomate y aceite) o Ulises, compra en el mercado
(pescado o marisco a diario, verduras y frutas locales los miércoles y
sábados), cocinada y comida en el patio de la casa, gran siesta, playa
a última hora de la tarde, cena en casa y a veces helado en Sa
Gelateria
(artesanal si los hay) por la noche.

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El pesar de dejar San Francisco–con los farmer's markets y sus
productos sin par–se amortiguó con la gran calidad de la comida
menorquina. En una estadía hace ya unos años compré allí el libro Menorca gastronomía y
cocina (con cocina y estilismo de mi querida Ana Torrontegui), y desde entonces cada año lo llevo conmigo a la isla porque las recetas no salen igual en Barcelona, porque los
ingredientes no son exactamente los mismos.

Esta receta de calabacines rellenos es una de las que más repito; es infalible y un favorito de
la familia. Hice unos pequeños cambios a la receta original; podéis
crear las vuestras. Imagino que para los que coméis lácteos un poco de
parmesano le quedaría muy bien. También se podría intentar con arroz
en vez de pan rallado.

Son bastante suculentos; esta vez hice mucha cantidad y los comimos de
plato principal junto con una ensalada de judías verdes finas, tomates
de la isla y albahaca fresca. También se puede servir como acompañante
de algún pescado a la plancha. También quedan deliciosos al día
siguiente, ya que los sabores se concentran más (pero es difícil que
lleguen!).

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Calabacines rellenos de Menorca
Basado en receta de Menorca gastronomía y cocina de Triangle postals

Ingredientes:
4 calabacines medianos (si son los blancos, tanto mejor)
2 tomates maduros
2 dientes ajo
4 cucharadas pan rallado
3-4 cucharadas aceite de oliva
Sal y pimienta
1 hora laurel
2 huevos
Albahaca o perejil fresco picado, para servir

Poner a hervir abundante agua con sal en una olla grande. Quitar sólo
la punta del calabacín que se conecta con la planta (dejar la otra
intacta) y cortar los calabacines por la mitad a lo largo. Hervirlos
durante 10 minutos. Colar, enjuagar con agua fría, dejar escurrir boca
abajo sobre papel de cocina o un trapo limpio. Una vez que se hayan
enfriado lo suficiente para manipularlos, vaciar el centro de los
calabacines con una cucharita, cuidando de no llegar demasiado al
borde para que mantengan la estructura. Colocar los cuerpos huecos
sobre una placa de horno pincelada con aceite y reservar.
Pelar los tomates: Hacer una cruz con un cuchillo filoso en la parte
de abajo de cada tomate y sumergirlos durante 30 segundos en agua
hirviendo. Quitar, pasar por agua fría. La piel se podrá pelar
fácilmente agarrando desde la puntita de lo cortado abajo. Quitar las
semillas del tomate y picarlo.
Picar los dientes de ajo.
Calentar 2 cucharadas de aceite en una sartén. Añadir los tomates y el
ajo, la hoja de laurel y una pizca de sal. Dejar sofreír a fuego lento
durante 10-15 minutos. Luego añadir la pulpa del calabacín picada y
dejar cocinar 5 minutos más. Apagar el fuego. Quitar el laurel.
Batir los huevos en un bol. Incorporar al sofrito junto con 3
cucharadas de pan rallado. Mezclar bien y con una cuchara rellenar los
calabacines. Espolvorear con el pan rallado restante y un chorrito de
aceite de oliva por encima. Hornear durante media hora a horno bajo.
Los últimos minutos se pueden hacer bajo el grill para que se doren
bien. Servir a temperatura ambiente, con el perejil o la albahaca por
encima.

Tomatitos asados "slow"

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El final del verano no es la época ideal para tener el horno encendido durante toda una tarde, lo sé. Pero es cuando los tomates están en su apogeo, y esta receta es una excelente manera de conservarlos unos días más. 

El otro día nos despedimos del huerto. Fue bastante triste, no tanto por la despedida (nos encantó la experiencia, pero estamos listos para tener los domingos por la mañana libres para estar por casa en pijama) sino por ver la evidencia de nuestro abandono durante todo el verano. Estaba en un estado lamentable, como si hubiese pasado un incendio por allí. Aún así, logramos recoger unos 15 kilos de tomates. Unos cuántos amigos se vieron beneficiados. Aproveché todos los que pude, todos los que cabían bien apretados en la bandeja del horno (los más pequeños, porque eso significaba menos horas de horno) para hacerlos asados "slow". 

Esta receta es uno de esos comodines que va bien con todo y a toda hora. La ensalada caprese (con mozzarella fresca y albahaca, que también está de estación, un buen aceite, y unas aceitunas negras) es un must, pero también quedan espectaculares cortaditos en un risotto, o en una ensalada veraniega de quinoa o cuscús, o simplemente encima de una rebanada de buen pan por la mañana. Si utilizas tomates cherry se te acorta el tiempo de horno; sabrás cuándo están listos porque quedan planitos y arrugados, secos. Para conservarlos, apretarlos bien dentro de un bote o recipiente de cristal y luego añade un generoso chorro de aceite de oliva por encima. Si quieres también puedes añadir un diente de ajo crudo entero al bote para darle aroma. 
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Tomatitos asados "slow"
Ingredientes:
1/2 kilo de tomates cherry o tomates pera pequeños (o todos los que te quepan en la bandeja del horno)
1 cucharadita sal marina
1 chorro generoso aceite de oliva extra virgen de muy buena calidad
hierbas aromáticas secas, las que quieras (o ninguna. yo usé las que tenía a mano, preparé una mezcla de menta, albahaca, romero y orégano)

Precalentar el horno a 110ºC. Lavar los tomates y cortarlos por la mitad a lo largo. Forrar una bandeja de horno con papel vegetal. Colocar los tomates, con el lado cortado hacia arriba. Esparcir la sal por encima. Verter un chorro generoso de aceite de oliva por encima. Si utilizas hierbas, espolvoréalas ahora por encima. Cocolar la fuente en el horno durante unas 3-4 horas (o hasta que queden bien planitos y arrugados, como en la foto. Si son cherry, con 2,5 horas alcanza. Si son tomates pera pequeñitos, más bien 4-5), mirando de vez en cuando para ver cómo van. Dejar enfriar y guardar en un bote hermético en la nevera, apretando un poco en el bote con la parte de atrás de una cuchara, y vertiendo otro generoso chorro de aceite de oliva por encima. 

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