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Crema de coliflor al aceite de nuez

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A pesar de ser primavera me sigue apeteciendo tomar cremitas de verduras. Me imagino que os pasa a todos que uno acaba repitiendo las mismas recetas una y otra vez; hacen falta fuentes de inspiración externas (y un poco de fuerza de voluntad) para no aburrirnos en la cocina y la mesa. La crema de coliflor cae bastante por casa, y normalmenta la hago con nuez moscada, leche vegetal y un poco de miso blanco. Hace poco me topé aquí con esta receta del libro de Paul Bertolli, Cooking by Hand, que es bastante parecida a la que yo hacía pero introduce un par de variantes en la forma de cocción. Y le subí el tono un poquito añadiendo al final un chorrito de mi última obsesión culinaria: el aceite de nuez. 

La técnica de la receta de Bertolli empieza, como todas las cremitas dulces, con cebolla pochada despacito. Cuanto más tiempo la dejes, más dulce será el resultado, pero no hay que dejar que se dore. La novedad para mí es que una vez que la cebolla está tierna y dulce, y añadimos la coliflor, en lugar de cubrir de agua, Bertolli introduce apenas un poquito de agua, tapa y deja cocer al vapor, antes de añadir ya más líquido y seguir cociendo. El resultado es sorprendentemente cremoso y delicado; admite cualquier cantidad de guarniciones (algunas ideas: hierbas aromáticas frescas picadas, aceites saborizados, crutones de pan o daditos de tofu o tempeh dorados, pimienta negra recién molida) pero no necesita ninguno. Con un trozo de un buen pan integral, es la cena perfecta de un día en que la comida ha sido copiosa. 

Crema de coliflor al aceite de nuez
inspirado en Paul Bertolli, Cooking by Hand 
Ingredientes:
2 cebollas grandes
1 coliflor
aceite de oliva extra virgen
sal marina
hierbas aromáticas secas, a gusto ((yo uitlicé un boquet garni provenzal)
aceite de nuez, opcional (puedes utilizar cualquier otro aceite saborizado que te guste, o un buen aceite de oliva)

Cortar las cebollas en medias lunas. Calentar 1 cucharada aceite de oliva en una cacerola de fondo grueso. Añadir la cebolla y 1 pizca sal. A fuego lento, dejar pochar unos 12-15 minutos, sin que se dore la cebolla. Mientras, lavar la coliflor y cortar en floretes. Utilizar también el tallo, cortado en trozos medianos. Añadir la coliflor a la olla junto con 1/2 cucharadita sal, las hierbas aromáticas secas que utilices, y 1/2 taza agua. Tapar y dejar cocer al vapor unos 15 minutos a fuego mínimo. Pasado este tiempo, añadir otras 4,5 tazas de agua. Volver a llevar a ebullición y dejar hervir 20 minutos más. Quitar las hierbas aromáticas secas y procesar. Repartir en boles y adornar cada bol individual con un chorrito de aceite de nuez. 

Crema de espinacas para finales del invierno

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En Barcelona la primavera por fin llegó! Después de uno de los inviernos más fríos y duros que recuerdo de mis 13 años aquí, empiezo a entrever un momento cercano y codiciado: el del primer picnic del año. 

Aún así, las mañanas y tardes siguen fresquitas; cada noche cuando me meto en la cama las mantas no me sobran y yo, que siempre tengo frío, sigo necesitando calor a la hora de cenar. 

Por otro lado, la llegada de la primavera crea nuevas necesidades energéticas; hace falta cambiar gradualmente no sólo los alimentos (cosa que el mercado ya hace por nosotros) sino también la manera de cocinarlos. Poco a poco iremos necesitando cocciones más cortas, un poco de crudos y más frutas. Mientras en invierno la función energética que prima es la de calentar, en primavera depuramos los excesos (de grasa, de calor) que tanta comida contundente de invierno puede haber dejado en nuestro cuerpo. El hígado, si nos hemos pasado un poco, sufre esos excesos, se resiente, se contrae. Necesita menos aceite y más verde para relajarse.

Esta sopa la preparé para este preciso momento: tiene el verde de la espinaca que depura y alegra al hígado, pero con la textura cremosa y la temperatura todavía para el final del invierno. La hice un domingo por la mañana, justo antes de ir a comer calçots, y sabía que después de la deliciosa pero pesada salsa romesco (un favorito total; prometo post con receta en breve), sería un báslamo para el cuerpo. Efectivamente, fue todo un acierto.

Se puede tomar calentita o incluso fría. Tras el domingo de comida tardía y contundente, no me apetecía cenar más que esto, pero les paso una idea que me pasó Rebeca el otro día como guarnición de las cremas, para dar algo que masticar: rallar un poco de tofu ahumado, que se puede saltear con un pelín de aceite y unas gotas de salsa de soja, y echar por encima. Esto le añade a la crema sabor, consistencia y proteína. 

Crema de espinacas
Ingredientes:
1 manojo espinacas frescas
2 puerros
1 patata pequeña (para dar consistencia)
1 chirivía (para dar dulzor)
1 pizca sal
leche de arroz
miso blanco
unas hebras azafrán o cúrcuma
aceite de nuez, opcional
tofu ahumado rallado, como guarnición

Hervir un poco de agua y pon a remojar el azafrán en una taza pequeña.
Echar un chorrito de aceite en una olla y añadir los puerros cortados en rodajas con una pizca de sal. Remover unos minutos, hasta que estén tiernos pero no dorados. Añadir la patata y la chirivía peladas y cortadas en trozos grandes y agua hasta la mitad.
Hervir tapado a fuego mínimo durante unos 12 minutos, hasta que las verduras estén tiernas.
Mientras tanto, lavar las espinacas y quitar los cabitos duros.
Sin escurrirlas, añadir a la olla y tapar (se cocerán con el mismo vapor y el agua de las espinacas) y dejar a fuego mínimo unos 2-3 minutos.
Añade la leche de arroz a gusto hasta conseguir una consistencia cremosa (aprox. 1 taza) y 2 cucharadas miso blanco.
Hacer puré.

Servir con un chorrito de aceite de nuez por encima, y/o un poco de tofu ahumado rallado. 

 

 

Taller de cocina sana de otoño: sopas y cremas

Ha llegado por fin el otoño que tanto se hizo esperar. Los mercados rebosan de su presencia: calabazas, granadas, castañas, boniatos, coliflor y mandarinas son algunos de los frutos de estación que empiezan a frecuentar los fogones, despensas y mesas de casa. 

Cuando llega esta época del año me apetece tomarme una sopa cada día, incluso dos veces por día (y no me privo). No hay nada más reconfortante que un plato (o dos) calentito de sopa al llegar a casa. Cuando empieza el frío, el cuerpo pide calor, dulzor y energía, cosas que las sopas del otoño nos pueden aportar.

El sábado 19 de noviembre ofreceré un taller de sopas y cremas. Prepararemos tres tipos de sopas diferentes, para aprender algunas ideas para no aburrir a la familia con los mismos potajes y purés todo el rato.

Os animo a apuntaros reservando plaza conmigo: camila@desayunoconguisantes.com.

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