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Hummus

El hummus es una de mis comidas favoritas. Me resulta casi adictivo;
cuando tengo un plato de hummus delante no puedo parar. Va
bien con todo y a toda hora.

En San Francisco todas las tiendas venden hummus ya preparado, y en
muchísimas variedades: hummus con tomate y albahaca, con ajo, con limón y tomillo, etc.
etc. Como el país del marketing, los sabores que se inventan crean
necesidades de consumir siempre algo nuevo. Después de haber probado algunos este verano (y esta marca está particularmente bien), mi hummus favorito sigue siendo el clásico.

En España el hummus no es tan omnipresente, pero incluso Mercadona
vende uno envasado. Lo que os quiero contar en este
post es que no hay ninguna necesidad de comprar hummus ya preparado,
ya que es extremadamente sencillo de hacer en casa.
Siempre quedará mejor con garbanzos remojados y hervidos en casa, pero en un apuro se
puede hacer con garbanos de bote (de buena calidad, por favor!). En
este caso, habrá que añadir menos sal ya que las conservas ya vienen
con bastante sal.

Conocí a mi amigo Elías en San Francisco hace exactamente 20 años. Fue
el responsable de darme mi primer trabajo de verano, en un café que se
llama Le Carousel en el turístico Pier 39. No sé si existe todavía
este café, ya que durante el viaje a San Francisco no nos acercamos ni
a Pier 39 ni a Fisherman's Wharf, los sitios más turísticos de la
ciudad. Hace 16 años, Elías abrió su propio café en el barrio de North
Beach, Cafe Sapore, donde se come uno de los mejores bagels con salmón
de la ciudad, y donde uno (o una, al menos) siempre es recibido con
una sonrisa (y donde O. se dio un subidón de azúcar con esta mega-galleta de M&Ms:)

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Durante nuestra estadía en San Francisco Elías nos preparó una gran
cena en su casa. Como hacía tantos años que no nos veíamos, no se acordaba de mis
caprichos alimenticios, así que improvisó un plato especial para mí, a
la altura de la cena de los demás.
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Elías es libanés, y fue él quien me enseñó a hacer hummus cuando me
vino a visitar a Buenos Aires hace unos 15 años. Él no se debe acordar
de eso, pero el hecho de que hubiera hummus en la cena de reencuentro
(así como una foto de nosotros dos muy jovencitos colocada en la
estantería de su salón) me tocó el corazón.
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La receta de hummus que hago ahora se ha visto un poco modificada por
la influencia de mis profesores de cocina energética; el
descubrimiento de la pasta de umeboshi es un punto de no retorno. Si
no tenéis/queréis usar pasta de umeboshi, podéis sustituir por sal y
zumo de limón a gusto.
Si bien el hummus clásico es mi favorito, me gusta tanto que a veces, para no aburrirme, experimento con variantes. Os doy la receta del clásico y de un hummus rojo (hecho con judías azuki, unas pequeñas judías japonesas que se usan mucho en postres, tienen un sabor dulzón y son un alimento excelente para los riñones), invento reciente y casi tan rico como el de siempre.
A mí me gusta usar ambas variantes no sólo para untar o mojar crudités, sino como un acompañante cremoso para el cereal o las verduras. En este caso, lo hago un poquito más cremoso, añadiendo más líquido de cocción de las legumbres, o un poco más de agua, así lo mezco directamente con las verduras, casi como una salsa espesa.

Os regalo también abajo de todo una foto del maravilloso pastel de zanahoria que preparó de postre
Emma, la mujer de Elías, especialista en horneados. El pastel era tan
delicioso como bello, y para no seguir comiendo, no paré de hacerle
fotos.
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Hummus
Ingredientes:
1 taza de garbanzos cocidos*
1 cucharada colmada tahín (crema de sésamo)
1 cucharada aceite de oliva
1 diente de ajo (opcional)
zumo de 1/2 limón y 1 cucharita sal/1 cucharita pasta de umeboshi
Comino o pimentón molidos, para espolvorear por encima
líquido de cocción de garbanzos (o agua), cantidad necesaria

Pasar todos los ingredientes con la minipimer o en una procesadora,
añadiendo líquido de cocción o agua hasta alcanzar la consistencia
deseada. Aquí hay muchas opiniones: hay a quien le gusta más cremoso,
o más denso y todavía con trozos de garbanzo sin deshacer. Puedes ir
probando las variantes hasta que encuentres la que más te gusta.
Verificar el punto de sal y acidez (puedes añadir más sal o limón).
Colocar en una fuente y espolvorear comino o pimentón dulce por
encima. Servir con pan de pita en triangulitos, o crudités. También me
gusta acompañado de arroz integral o quinoa.


* Para cocer los garbanzos: remojar durante al menos 6 horas o toda la
noche en agua de calidad. Por la mañana, colar y deshechar el agua.
Poner los garbanzos en una olla grande y cubrir con abundante agua.
Añadir un trozo de alga kombu (que hace que las legumbres sean más
fáciles de digerir y las remineraliza). Llevar a ebullición. Bajar el
fuego, desespumar, tapar y hervir durante 2 horas o hasta que estén
bien tiernos (el proceso se acorta mucho con una olla a presión).
Durante los últimos minutos de hervor, añadir 1 cucharadita sal.
Guardar un poco del líquido de cocción para el hummus.

Hummus rojo
Ingredientes:
1 taza de judías azuki cocidas (seguir las mismas instrucciones que para cocer los garbanzos)
1 cucharada colmada tahín
1 cucharada aceite de sésamo (no tostado)
1 cucharadita pasta de umeboshi
un puñadito de semillas de sésamo tostadas
unas gotas de aceite de sésamo tostado
perejil o cebollino fresco picado para servir
Procesar todos los ingredientes, añadiendo líquido de cocción de las azuki según necesidad. Rociar con unas gotas de aceite de sésamo tostado. Servir con perejil o cebollino fresco picado fino por encima, o unas semillas de sésamo ligeramente tostadas.
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PD: en breve los detalles, pero el primer taller de cocina sana del otoño será un taller de postres sanos, el viernes 18 de septiembre por la tarde.

La belleza de las cosas simples

Esta tarde tuve una epifanía mientras desenvainaba guisantes. La casa en silencio, Olivia dormía la siesta, y yo no podía salir de mi asombro de la belleza de estos pequeños regalos de la temporada, cada uno diferente por dentro en tamaño y verdor.

Me di cuenta así de que en realidad el día entero había estado lleno de cosas simples y bellas, una tras otra: salir en la bici de madrugada, mi práctica de ashtanga, acompañar a Bruno al colegio de la mano, una comida casera con una amiga querida, una buena charla, taza de té en mano, jugar con Olivia con el sol entrando por la ventana. Todas cosas cotidianas, no muy diferentes de cualquier otro día, pero sólo gracias a la pausa obligada de preparar esos guisantes (porque había que hacerlo despacio, uno por uno) pude recuperar cada uno de esos momentos en la memoria, en vez de dejarlos pasar sin más como parte de la rutina.

No fue hasta un rato después, cuando ya me había decidido a convertir los guisantes en sopa y el evento en un post, que hice la conexión con el nombre de este blog. Y de eso se trata, precisamente: de convertir los guisantes en diamantes, amar lo cotidiano y simple como el valor más preciado. Porque lo es.


Crema de guisantes (para 3-4 personas)

Ingredientes:

1 kg de guisantes (en su vaina)
1 patata, pelada y en trozos (opcional, para espesar un poco)
caldo vegetal (si es casero, mejor), cantidad necesaria para cubrir las verduras
2 pizcas sal marina
1 puerro (parte verde y blanca), picado
1 diente ajo, picado
pimienta negra recién molida
guarnición opcional: unas hojas de menta fresca o unos tomates secos picados

Desenvainar los guisantes (despacio, disfrutando del "pop" que hace cada uno al abrirlo). Calentar el aceite en una cacerola. Añadir el puerro y 1 pizca de sal y rehogar a fuego medio durante unos minutos, hasta que se quede tierno. Añadir la patata y los guisantes y el caldo, que cubra las verduras. Llevar a ebullición, reducir el fuego, tapar y cocer 15 minutos. Añadir otra pizca de sal y un poco de pimienta molida. Hacer puré pero no del todo, dejando tropezones de guisantes. Si se quiere más cremoso se puede añadir un poco de leche de arroz. Servir con las hierbas y/o tomate seco picado por encima de cada bol.

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