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Bares de Buenos Aires

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Recién aterrizada y con el alma todavía sobrevolando el Atlántico, mientras preparo el próximo post (no os lo perdáis: un arroz con lentejas muy especial, de uno de mis chefs favoritos) y para no abandonaros, os dejo un fotorreportaje de mi actividad gastronómica porteña favorita: el desayuno en los cafés.

El desayuno porteño no tiene nada que ver con el contundente desayuno sajón (que también me va); es algo parecido al español: suele consistir en o bien medias lunas (la versión sureña del croissant, más pequeña, de grasa o manteca) o bien tostadas (que pueden ser, en casi todos lados, de pan blanco o integral, y suelen venir acompañadas de queso blanco untable y mermelada; la calidad tanto del pan como de la mermelada determinan, a mi entender, el nivel del bar). Yo no como lácteos y sustituyo, para espanto de mis compatriotas, el queso blanco por aceite de oliva. 

Precisamente anoche, sufriendo tremendo jet lag hasta altas horas, leí esto en el último libro de cuentos de Julian Barnes: "siempre me ha parecido que la primera tarea de una pareja es resolver el problema del desayuno; si éste se puede resolver amistosamente, la mayoría de las demás dificultades también." Si esto es así, I. y yo lo tenemos bien; con los años ha ido comprendiendo lo importante que es para mí el momento del desayuno. Cuando viajamos a algún lugar nuevo, el día antes hago una búsqueda exhaustiva para encontrar EL sitio en el que desayunaré al día siguiente. Sólo así duermo tranquila (cuando no sufro de jet lag). Cuando vamos a mi ciudad de origen, uno de los últimos temas de conversación del día es planificar el bar del desayuno del día siguiente. Buenos Aires tiene tantos cafés tan bonitos (y sirven tostadas! y té bueno!) que podríamos pasar semanas y semanas sin repetir y quedarnos con muchos en el tintero. 

Aquí van algunos de mis cafés favoritos de Buenos Aires para desayuno y merienda:

Magendie

Bar 6

Voulez Bar

Farinelli

Tea Connection

 

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N.B. Este post se demoró no sólo por mi viaje sino también por problemas con el servidor. Preveo migración inminente. 

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Mi Barcelona, segunda parte

Segunda parte de este post que colgué hace un par de semanas...

 

8. Mescladís. Conocí Mescladís y a su fundador Martín apenas se abrió el local original en la plaza St. Pere, y cada vez me siento más identificada con su proyecto. Mescladís es un restaurante pero también es una escuela de cocina y sobre todo es un proyecto de integración social a través de la comida. Como en ningún sitio allí creen en la comida como expresión de una cultura, y como herramienta para vencer barreras y aproximar culturas entre sí. Hace poquito abrieron el precioso Espai Mescladís en el Pou de la Figuera, donde funciona un bar-restaurante pero también una escuela de camareros. La comida de Mescladís es un fiel reflejo de su proyecto, con platos representativos como empanadas sudamericanas, o tagine marroquí. También ofrecen talleres para pequeños y grandes (algunos en colaboración con desayuno con guisantes!). 


9. Cervecería Catalana. Este sitio siempre me hace pensar en mis padres; es donde más les gusta ir a comer cuando vienen de visita a Barcelona desde Argentina. Seguramente porque, a pesar del nombre (las tapas no son precisamente una costumbre catalana) es uno de los pocos sitios de la ciudad donde se pueden comer buenas tapas. Nuestros favoritos: la brocheta de langostinos y las láminas de alcachofas fritas. También le gusta mucho a mi hija Olivia. 


10. Shunka y Koy Shunka. Repito: adoro la cocina japonesa. Shunka y Koy Shunka, ambos escondidos en callejuelas cerca de la Catedral, tal vez sean los mejores japoneses de Barcelona. 


11. La cuina d'en Garriga. Un sitio para comer ligero y de calidad al mediodía cuando estoy en el centro trabajando. A veces nos citamos ahí con I. Cocina elegante, local y de buen gusto (en todos los sentidos). Recientemente reformado, añadieron sitio para algunos comensales más, pero me sigue gustando la mesa comunal. Me gusta cuando los sitios están atendidos por sus dueños, y ves que realmente les importa lo bueno. 

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12. Federal. Una de las mayores carencias de esta ciudad, a mi entender, son los cafés. Y cuando abren un café me ilusiono, pero lo que aquí llaman café sigue estando lejos de mi ideal de café. Para mí un café es un sitio donde puedes no sólo tomar té o café buenos, sino también comer alguito durante todo el día. Y sobre todo es un sitio donde puedes llevarte tu ordenador y estar tranquilo durante rato sin que te sientas observado semi-agresivamente por los camareros; en un café estás en tu derecho de quedarte lo que te haga falta. Los sitios así existen en Estados Unidos, en Alemania (en Berlín recuerdo haber alucinado con el ocio generalizado; esto es primer mundo, un país donde todos los cafés están repletos de gente tomando, comiendo y haciendo ocio a todas horas), en Buenos Aires, pero no en España. Federal tal vez sea uno de los que más se acerca (y me encanta poder tomar Kombucha o tostada con aguacate allí), pero tampoco lo consigue del todo. Animo a algún emprendedor que lea estas líneas a intentar construir algo así en Barcelona. Yo lo frecuentaré, prometo. Federal es de los pocos sitios en la ciudad que sirve brunch los fines de semana (otro, que no he probado aún, y está al lado de mi casa, es Picnic), si es que consigues sitio.

13. Quimet i Quimet. Otro clásico tradicional, en un barrio que está en alza. Montaditos y tapas de primerísima calidad. No soy muy bebedora de alcohol, pero los entendidos dicen que es un sitio maravilloso. Eso sí, hay que estar preparado para quedarse de pie y muy apretaditos; el local es ínfimo y siempre está abarrotado de gente. Parte de su encanto. 

14. Els Pescadors. Comer en la terraza de este restaurante es hacer de cuenta que estás de vacaciones en un pequeño pueblito de pescadores. Escondido en una placita entre Poble Nou y Diagonal Mar, Els Pescadors tiene pescado y marisco de excelente calidad. Un secreto fuera de carta, que sólo te dan si les caes bien: las raspas de anchoa. Las descubrí allí y ahora las hago en casa también. Calcio puro, crocante y saladito. A los niños les encantan. 

15. Dos palillos. Es mi sitio favorito para celebraciones en pareja (mi última comida de cumpleaños fue allí, me gustaría que este que se acerca–mañana!–también lo sea). Todavía lamento que hayan cerrado Foodball, el local de Camper de sushi mediterráneo, pero lo que han puesto en su lugar no está nada mal. El concepto de platillos pequeños, con gran influencia japonesa, y de calidad extraordinaria, me va. Uno de los problemas que siempre encuentro comiendo fuera es que las raciones me resultan muy grandes (me gusta comer porciones pequeñas, muchas veces por día), y el doggie bag no está muy explotado aquí todavía (en Estados Unidos los platos son ridículamente grandes pero siempre aseguras otra comida con los restos). Los platillos del Dos palillos no son problemáticos en este sentido. A la carta es carito, pero el menú de mediodía tiene una excelente relación calidad-precio. Y me gusta mucho comer en la barra de fuera.  

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Mi Barcelona, primera parte

Os he hablado en posts anteriores de sitios que me han gustado en ciudades lejanas como San Francisco, Nueva York, París y Londres (esto último en mi antiguo blog). Pero si bien cada tanto hago mención a sitios barceloneses, hasta ahora no los había reunido en una lista. Gracias a la sugerencia de un querido lector, este post está dedicado a los sitios que más me gustan de la ciudad en la que vivo desde hace, en estos días precisamente, 13 años (!). Espero que este post pueda servir tanto a los locales (y perdonen si no hay novedades) como a la gente de fuera, e incluso que pueda seducir a alguien a visitar Barcelona tentado por sus atractivos gastronómicos.


1. Caj Chai. En este post ya hablé de mi amada tetería, y en los meses desde que lo escribí, mi amor (y mis visitas) por Caj Chai sólo ha crecido. Es mi lugar favorito de Barcelona para pasar el rato leyendo, trabajando, estando. La sabiduría de Antonio es inmensa; da gusto ver alguien con tanto amor y dedicación por lo que hace. Gracias a ello Antonio ha conseguido crear un lugar muy especial, donde tanto turistas como locales encuentran lo que buscan. Siempre me ha gustado poder entrar a un sitio y ser habitué, poder pedir "lo de siempre" y que sepan exactamente qué es. Lo maravilloso de Caj Chai es que ese "lo de siempre" varía de un día a otro, pero siempre saben identificarlo y satisfacer mis antojos (un día quiero algo sin teína y me deleito con la infusión ayurvédica para la mujer, otro día quiero un té verde vegetal y me pongo eléctrica con un Gyokuro, otro día sin decir nada Antonio me sirve un Oolong nuevo porque sabe que se parece a uno que me gustó mucho en aquella degustación de hace tiempo. Esto es servicio al cliente, sí señor.)Si bien la lista que os ofrezco aquí no va por orden de importancia, no me cabe duda que Caj Chai tiene que encabezarla. (Es más, no os sorprendáis si dentro de poquito os anuncio una colaboración entre Caj Chai y desayuno con guisantes!).

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2. Wakasa. Por si no lo sabíais, la comida japonesa es mi favorita. Sin lugar a dudas. Me gustaría que mi próximo viaje lejos fuera a Japón. No puede ser que una cultura que hace esta comida no me apasione. Dudé si poner esta entrada en la lista, ya que Wakasa es uno de esos sitios secretos que prefieres guardarte. Demasiadas veces hemos visto sitios pequeños, de calidad, que abren, funcionan bien y luego mueren de éxito. Espero que esto no ocurra con la tasca Wakasa (eso sí, cada vez es más difícil conseguir mesa, incluso con reserva-si no, ni pensarlo. cuando cenas en Wakasa te cansas de ver cómo echan a los curiosos que entran sin reserva previa). Regenteado por los dueños, una pareja japonesa casi en la tercera edad (él cocina, ella atiende las mesas, que son francamente muy poquitas), Wakasa ofrece comida japonesa auténtica. El servicio no es uno de sus fuertes (a menos que seas un habitué), pero la comida vale la pena. 


3. Bar Seco Mucho antes de saber que Chiara era la dueña del Seco y bastante antes de hacerme amiga de ella, empecé a frecuentar esta pequeña joyita de Poble Sec. Cuando me enteré, todo encajó. Conocí el Seco porque cada semestre llevo a mis estudiantes de Literatura de la Guerra Civil Española al refugio antiaéreo de Poble Sec, que está al ladito. Siempre hago la visita con ellos, y fue Leyla, la guía del refugio, quien me dijo que me tomara algo allí un día. Poco a poco entendí que ese era, también, un sitio mío. Chiara trabaja para, y cree fervientemente en, Slow Food. El Seco ofrece pocos platos pero de máxima calidad (milagrosamente: hace poco di un taller de cocina en el Seco y quedé impresionada de que consigan cocinar así de bien en un espacio tan diminuto). Hay mucho vegetariano pero no exclusivamente (y toda la carne es ecológica, como tiene que ser). Excelentes vermouths. Y muy buena onda en general. Si tienes la suerte de conseguir mesa en la terraza, puedes ver las horas pasar sin que te apuren. Juanjo es un encanto y si llamas antes te reserva mesa y todo. 

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4. Nakashita. Excelente comida japonesa (mi favorita, ya lo sabéis) en el barrio. El sitio que estaba esperando. Mi item fijo del menú: el vieira maki: atún, aguacate y vieira flambeada. I. muere por el soft shell crab, un cangrejo entero tempurizado y rodeado de sabores ricos. 


5. Barcelona Reykjavik, No es un sitio para comer ni para ir a tomar algo pero es uno de mis sitios culinarios favoritos de la ciudad. Pan de verdad, para quienes quieren saborear lo mejor, y también cuidar la calidad de lo que metemos en el cuerpo. Caro, pero lo vale. Desde que vendí mi panificadora (algunos aspectos no me terminaban de convencer, como por ejemplo que fuera de teflón), cruzo la ciudad para comprar el pan. (Aunque desde que abrieron un local en la calle Princesa, tampoco hace falta.) Mis favoritos: el pan de espelta y semillas, y las empanadillas de verduras y algas. Para cuando se me antoja dulce (no muy a menudo): las magdalenas de zanahoria y plátano con semillas de amapola.

6. Agua Un clásico, pero no por ello menos meritorio. Con su cocina mediterránea tradicional con algunos toques de fusión, Agua es un claro representante del grupo Tragaluz, y si bien soy anti-cadenas, nunca he comido mal en el Agua. Su terraza sobre la playa es un sitio privilegiado para brindar por proyectos futuros los domingos al mediodía en familia. Lo hemos hecho muchas veces. 


7. Organic. Cocina vegetariana correcta, pero lo que más me gusta es su local de la calle Junta de Commerç por un motivo fundamental: es muy fácil ir con niños. El local es enorme y no les importa que los niños correteen por ahí. Además es tal vez el único sitio que conozco en Barcelona donde se puede ir a comer a las 12 del mediodía. Horario niño, mi horario favorito. El menú de mediodía lo encuentro excesivo en cantidad, así que en general lo que hago es comer del buffet de ensaladas y sopa, y llevarme el segundo a casa para la cena. Tienen una salsa deliciosa en el buffet de ensaladas, y a Bruno le encantan los huevos duros y las patatas hervidas con piel. 

Continuará...

Calabacines rellenos de Menorca

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Sé que hace no tanto tiempo les ofrecí esta receta de
calabacines rellenos
. Pero tengo un par de excusas, o mejor,
justificaciones. En primer lugar, el calabacín es una de mis verduras
favoritas (cosa no difícil de comprobar dada la cantidad de recetas con calabacines que hay en este blog). Muy a diferencia de tanta gente que cree que no sabe a
nada, que es pura agua, a mí me parece versátil, sutil y elegante. Y
si no me creen, miren estas recetas que colgó mi admirado Yotam Ottolenghi
en su columna hace poquito (más o menos el mismo día que yo hacía esta
receta menorquina).


Segundo: esta receta está hecha no con los típicos calabacines verde
oscuro que uno suele encontrar por estos lares, sino con los claritos,
casi blancos, típicos de la isla. En Barcelona son bastante difíciles
de conseguir (si alguien sabe dónde, por favor que me lo diga). Son
bastante más tiernos que los verdes oscuros, cosa que permite comerlos
enteros con mayor agrado, y creo que algo más sabrosos. Pero no os
preocupéis; si sólo encontráis los de siempre, saldrán deliciosos
también.

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Gracias a la enorme generosidad de nuestro amigo Lau, al regresar de
San Francisco pasamos una semana en Menorca poniéndonos al día
con el sol y la vitamina D que nos faltó en la ciudad de la niebla. La
semanita anual en casa de Lau en Ciutadella de Menorca es desde hace
cinco años un oasis en el que pasamos unos días muy en familia,
reponemos energías, no hacemos mucho y comemos muy bien. Como
criaturas de la costumbre que somos, básicamente repetimos la misma
rutina durante los siete días: desayuno en el Bar Imperi (donde B. e
I. pueden jugar al ajedrez y yo me deleito con las mejores tostadas
integrales con tomate y aceite) o Ulises, compra en el mercado
(pescado o marisco a diario, verduras y frutas locales los miércoles y
sábados), cocinada y comida en el patio de la casa, gran siesta, playa
a última hora de la tarde, cena en casa y a veces helado en Sa
Gelateria
(artesanal si los hay) por la noche.

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El pesar de dejar San Francisco–con los farmer's markets y sus
productos sin par–se amortiguó con la gran calidad de la comida
menorquina. En una estadía hace ya unos años compré allí el libro Menorca gastronomía y
cocina (con cocina y estilismo de mi querida Ana Torrontegui), y desde entonces cada año lo llevo conmigo a la isla porque las recetas no salen igual en Barcelona, porque los
ingredientes no son exactamente los mismos.

Esta receta de calabacines rellenos es una de las que más repito; es infalible y un favorito de
la familia. Hice unos pequeños cambios a la receta original; podéis
crear las vuestras. Imagino que para los que coméis lácteos un poco de
parmesano le quedaría muy bien. También se podría intentar con arroz
en vez de pan rallado.

Son bastante suculentos; esta vez hice mucha cantidad y los comimos de
plato principal junto con una ensalada de judías verdes finas, tomates
de la isla y albahaca fresca. También se puede servir como acompañante
de algún pescado a la plancha. También quedan deliciosos al día
siguiente, ya que los sabores se concentran más (pero es difícil que
lleguen!).

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Calabacines rellenos de Menorca
Basado en receta de Menorca gastronomía y cocina de Triangle postals

Ingredientes:
4 calabacines medianos (si son los blancos, tanto mejor)
2 tomates maduros
2 dientes ajo
4 cucharadas pan rallado
3-4 cucharadas aceite de oliva
Sal y pimienta
1 hora laurel
2 huevos
Albahaca o perejil fresco picado, para servir

Poner a hervir abundante agua con sal en una olla grande. Quitar sólo
la punta del calabacín que se conecta con la planta (dejar la otra
intacta) y cortar los calabacines por la mitad a lo largo. Hervirlos
durante 10 minutos. Colar, enjuagar con agua fría, dejar escurrir boca
abajo sobre papel de cocina o un trapo limpio. Una vez que se hayan
enfriado lo suficiente para manipularlos, vaciar el centro de los
calabacines con una cucharita, cuidando de no llegar demasiado al
borde para que mantengan la estructura. Colocar los cuerpos huecos
sobre una placa de horno pincelada con aceite y reservar.
Pelar los tomates: Hacer una cruz con un cuchillo filoso en la parte
de abajo de cada tomate y sumergirlos durante 30 segundos en agua
hirviendo. Quitar, pasar por agua fría. La piel se podrá pelar
fácilmente agarrando desde la puntita de lo cortado abajo. Quitar las
semillas del tomate y picarlo.
Picar los dientes de ajo.
Calentar 2 cucharadas de aceite en una sartén. Añadir los tomates y el
ajo, la hoja de laurel y una pizca de sal. Dejar sofreír a fuego lento
durante 10-15 minutos. Luego añadir la pulpa del calabacín picada y
dejar cocinar 5 minutos más. Apagar el fuego. Quitar el laurel.
Batir los huevos en un bol. Incorporar al sofrito junto con 3
cucharadas de pan rallado. Mezclar bien y con una cuchara rellenar los
calabacines. Espolvorear con el pan rallado restante y un chorrito de
aceite de oliva por encima. Hornear durante media hora a horno bajo.
Los últimos minutos se pueden hacer bajo el grill para que se doren
bien. Servir a temperatura ambiente, con el perejil o la albahaca por
encima.